miércoles, 1 de octubre de 2008

Contaminaciòn: Santa Fe

En la ciudad de Esperanza, situada a 45 kilómetros de la capital provincial
Contaminación ambiental en Santa Fe

Preocupación por un informe que confirmó el desmanejo de residuos, que afecta al suelo, el aire y el agua

  • El pueblo afectado tiene 35.000 habitantes
  • El año último sufrió 24 casos de leucemia aguda y varios más de cáncer de piel, riñón y pulmón
  • Paralelismo con el caso de Las Toscas

ESPERANZA, Santa Fe.- En esta ciudad, la primera colonia agrícola del país, ubicada 45 kilómetros al oeste de la capital provincial, sus 35.000 habitantes padecen una comprensible preocupación: un informe de la Secretaría de Medio Ambiente santafecina confirmó que existe una acentuada contaminación del aire, el agua y el suelo, producto del desmanejo de residuos industriales como ácido sulfhídrico, dióxido de azufre, fenoles y cromo 6 (hexavalente).

Este polo agroindustrial del interior santafecino soportó sólo el año último 24 casos de leucemia aguda -tres mortales- y varios más de cáncer de piel, riñón y pulmones.

El efecto letal de la contaminación ambiental sería también la causa de un porcentaje importante de nacidos con malformaciones congénitas en las últimas dos décadas.

Este panorama no es nuevo en la provincia. Un año y medio atrás se denunció un escenario similar en Las Toscas, al norte, casi en el límite con Chaco, donde decenas de personas murieron por iguales razones: enfermedades oncohematológicas (por contaminación de la sangre).

Según pudo saber LA NACION, las causas que originan estas enfermedades serían las mismas: alteración genética inducida; es decir, adquirida en el medio, ya sea por contaminación de productos químicos, radiaciones o virus. En algunos casos se define como la influencia del tóxico ambiental durante la gestación de las mujeres, que puede producir una alteración fetal.

Hay un punto común entre ambos grupos de enfermos, aunque no necesariamente vinculante. En ambas ciudades, la mayor capacidad industrial instalada la conforman curtiembres que para la preparación de sus cueros emplean, entre otros productos, cromo y benzeno. Pero en Esperanza existe un gran desarrollo de la industria maderera, que utiliza solventes también tóxicos, así como en Las Toscas un ingenio azucarero emplea ácido sulfhídrico.

Es llamativa también la coincidencia del medio ambiente entre dos grupos poblacionales separados por 330 kilómetros. Ambos estuvieron expuestos durante años a un ineficiente manejo de los desechos industriales, hasta la sanción de la ley provincial de Medio Ambiente.

Según explicó Roxana Valentini. hematóloga del servicio especializado del hospital Iturraspe, de Santa Fe, "se sabe que los derivados del benceno son inductores de enfermedades hematológicas. El cromo no es inductor, pero es llamativa su incidencia en este tipo de enfermedades. Aun así, se necesita el estudio genético de la paciente para poder confirmarlo".

En Esperanza, las organizaciones no gubernamentales Vivir y Puelches motivaron a la población para reclamar que se conozcan las causas que originan este cuadro. En febrero del año último, Vivir concluyó un censo con 24 casos de leucemia aguda.

"No deja de preocuparnos la cantidad de casos, cada vez más frecuentes, especialmente en menores de 18 años. Nos llamó la atención en el censo la alta incidencia de enfermedades alérgicas por encima de las cardiovasculares, cuando debería ser todo lo contrario", detalló el médico Florencio Castoldi, integrante de Vivir.

Reconoció que en este tipo de enfermedades "siempre hay una multicausalidad", pero citó el caso de un estudio efectuado en Esperanza entre 1995 y 1998, cuando se comprobó alta presencia de malformaciones en menores, aun aquellas que las estadísticas señalan que se registra una entre un millón. Actualmente, más de 50 niños minusválidos reciben asistencia en escuelas especiales.

La mortandad de peces en cursos de agua próximos a los volcamientos de los residuos industriales de las curtiembres no es un hecho nuevo para Santa Fe. Greenpace lo denunció en Las Toscas.

En este caso, la investigación apunta a enero de 1995. Por entonces, en el río Salado, a la altura de Esperanza, se registró la mortandad de peces más importante del siglo último.

A lo largo de más de un kilómetro y medio, millones de ejemplares cubrieron todo el curso de agua. Los primeros informes indicaron que la causa era la ausencia de oxígeno en las aguas por una bajante del río, aunque no descartaron los pesticidas empleados en los campos de la zona.

Esas conclusiones fueron circunstanciales. No pudo ser un pesticida el único causante de la mortandad masiva de peces, ya que para que un fosforado pudiera ocasionar semejante daño se hubiesen necesitado centenares de litros. Aun así, el parathión, por ejemplo, se degrada pronto en el agua (hidrólisis). Además, la comercialización de ese producto, conocido por su alta toxicidad, estaba vedada desde 1994. Si alguien quería provocar semejante desastre hubiera tenido que utilizar una cantidad de pesticida que no había en el país.

Los informes oficiales destacaron que "los peces analizados parecían pasados por un hervor de agua" y los especialistas apuntaron que "la contaminación fue tan horrible que los caranchos, que comen carroña, no probaron nada del festín que les ofrece el río", según el diario El Litoral.

Si bien se insistió en la primera hipótesis (falta de oxígeno en el agua), los especialistas que trabajan compuestos tóxicos admiten que el cromo es un gran demandante de oxígeno, aunque las curtiembres también utilizan otros compuestos para el lavado y desengrasado de cueros e infraestructura.

Meses después de aquella falla contaminante, muchos nacimientos ocurridos en la zona de Esperanza fueron defectuosos. Algunas empresas realizaron infraestructura para tratamiento de efluentes, pero ya era tarde. Aunque algunos prefieren ignorar sus consecuencias.

Fuente: La Nación
Enero 9, 2002


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